domingo, 10 de marzo de 2013

Infancia

Infancia:

Se echa de menos esas siestas diarias después de comer.

Se echa de menos esas clases en las que sólo tenías que dibujar o hacer un picado.

Se echa de menos esas meriendas en el colegio.

Se echa de menos los tres puntos para el mejor equipo, el banderín de final de curso para el equipo vencedor.

Se echa de menos que toda la clase vaya en formación, cubrirse ya, descubrirse ya.

Se echa de menos hacer el Belén de plastilina de tu clase, cantar los villancicos y que el día antes de Navidad sea día de juegos.

Se echa de menos los positivos de disciplina o puntualidad, los puntos rojos o verdes, según como te hayas portado.

Se echa de menos volver a casa con tres mochilas, una de libros, otra del deporte, y la última de los patines con el palo de hockey.

Se echa de menos esas ligas de hockey en los segundos descansos.

Se echa de menos perderte clase porque estás en la banda o en el coro.

Se echa de menos las fiestas de disfraces, en la piscina de bolas, con magos y payasos.
 ¡NO QUIERO SER MAYOR! 



Enrique P.

La Montaña

La Montaña:

La vida es como una Montaña. Sí, Montaña con mayúsculas ¿Qué por qué? Pues porque esta Montaña es la más inexpugnable, ardua, y brutal que vamos a encontrar jamás. Y, sin embargo, el éxito que obtendremos si llegamos a coronarla será difícilmente superable. No os engañéis, la Montaña, llegado el momento, os arrojará sus ventiscas más gélidas, os verá envuelto en sus aludes, os lanzará a la más profunda grieta, o conseguirá que perdáis el rumbo y que nunca más lleguéis a ninguna parte. Pocos serán los momentos de descanso, pues uno no debe descuidarse, pero valdrán la pena. El resto de esta entrada son dos consejos para todo aquel que decida llegar a lo más alto de esta colosal "prueba de la naturaleza". A todos aquellos que vayan a coronarla, me gustaría darles unos consejos.

El primero de ellos es el siguiente: consíguete un buen material y un buen equipo. Un buen material incluye una ruta de ascenso, y el material necesario para esa ascensión; pues alguien que planea llegar a la cima no debe usar el mismo equipo que alguien que sólo va a subir unos metros desde la base. Te recomiendo ser un experto en algo, y tener unos ideales claros; de esta manera, siempre habrá una ruta posible. Una cosa sobre la ruta, escojas cual escojas: no debes andar grandes distancias unos días, y quedarte quieto unos meses, pues correa el peligro de desfallecer en cualquiera de esos días y precipitarte al vacío. Mucho mejor ir poco a poco, y asegurando terreno.

El segundo consejo es más sencillo y a la vez más complicado, consiste en que te busques tres o cuatro locos más que estén dispuestos a subir a tú mismo destino. De esta manera, cuando te fallen los ánimos, las fuerzas o te resbales en un punto peligroso, siempre tengas alguien en quien confiar. Esto puede parecer sencillo, puesto que hay mucha gente en el mundo, y todos acabaremos subiendo la Montaña. El problema es que cuanto a más altura esté tu meta, menos gente está dispuesta a llegar adonde tú quieras llegar. Personas que queramos llegar a la cima ya sólo quedamos un par de locos, y cada vez menos. Creo que es porque la gente cada vez quiere hacer menos esfuerzo, y se contenta con asentarse cada vez más abajo, por lo que tienen que subir menos. A esas personas me gustaría decirles que si igual a mí cuando estoy subiendo me cae una bola de nieve, o una piedrecita, a ustedes es muy probable que les caiga un alud.

Resumiendo, a los locos que quieran subir hasta que el alma les falle, les deseo fuerza, honor, y otros tres locos. A los otros, suerte con el alud.

sábado, 9 de marzo de 2013

Una entrada rimada, una entrada publicada

Una entrada rimada, una entrada publicada:

Estaba haciendo una entrada
con inmensa dedicación,
cuando viéndola acabada
vino a mí la inspiración.


Quise plasmar lo que pienso,
una idea y una venía,
un deseo tan intenso
que se vuelve esquizofrenia.


La obsesión que me consume
transformada en poesía,
la realidad que se asume:
aprobaré filosofía.


Lo que sí que me deprime
es ponerle en un dilema
pues sería todo un crimen
ignorar este poema.


Así comienzo mi andanza,
con una entrada rimada,
transformando esa esperanza
en una entrada publicada.



Jaime M.

Un triunfo

Un triunfo:

Un sabio profesor y amigo me dijo una vez que en nuestra vida debemos influir en la de los demás; que nos recuerden por lo que hemos hecho, por lo que hemos dicho, lo que hemos explicado, lo que hemos sugerido... Me ilustró con una frase que a su vez le decía su profesor de Filosofía: ``Prefiero que cuando yo ya no esté me odiéis a que no os acordéis de mí; significará que he formado parte de vuestra vida.´´

Ahora me doy cuenta de que tenía toda la razón; todos queremos ser ``parte de la vida de los demás´´, que nos recuerden a lo largo de su vida por haber dejado una huella en ellos. Aunque nos odien, les caigamos mal, no nos soporten; da igual, sabrás que tú, para él, has existido y que, gracias a ti, el mundo ha cambiado. En cambio, si te ignoran, se olvidan de ti y no has dejado nada por lo que te recuerden... ¡Qué pobre existencia!

Intenta influir en la vida de todas las personas que puedas y, si es posible, para bien, mejorando su vida. Te sentirás satisfecho contigo mismo. Intenta sobre todo dejar algo de provecho en el mundo, seguro que les servirá para algo a los demás; entonces te recordarán, entonces habrás triunfado. 




Me gusta ser bajito

Me gusta ser bajito:

La mayoría de vosotros pensaréis que ser bajito es peor que ser alto, pues bien, mi opinión es que NO. Sí, es verdad que yo soy bajito, pero de todas formas, analizando las cosas buenas de ser alto y las cosas buenas de ser bajito, la conclusión es que ser bajito es mejor.


Las cosas buenas de ser alto es que de pequeños siempre te dicen que eres más mayor de lo que en realidad eres, y por ello te dejan entrar antes a los bares y discotecas que a tus amigos bajitos. También tienes la opción de que si no se te da bien ningún deporte, siempre puedes jugar al baloncesto, aunque seas torpe y patoso siempre te elegirán antes que a tu amigo de 1,50.


Siendo bajito siempre puedes comprarte la ropa en la sección de niños, y te sale mucho más barato. Cuando eres bajito y estás haciendo la maleta tus zapatos, al tener una talla de pie 40 o 41, te ocupan poco y la ropa también, en cambio si mides 1,90 y tienes un 49 de pie, con un par de zapatos, una camisa y el neceser, ya no te entra nada más. En los coches, autobuses y sobre todo en los aviones, si eres bajito entras perfectamente en tu asiento, incluso vas cómodo, pero los altos van incómodos porque no entran bien. Además en el cole cuando nos mandaban formar en filas siempre lo hacían por altura, y los bajitos éramos los primeros en todo.


Todos los bajitos que estén leyendo esto, por favor, dejar de acomplejaros por ser bajitos, y estar orgullosos de serlo. Todo lo bueno viene en pequeñas dosis (además, siempre podéis poneros alzas).

Enrique P.

A medias

A medias:

Antes era un vago, dejaba todo a medias, ahora...

Una gran mentira

Una gran mentira:

Uno de los mayores engaños que hemos sufrido en nuestra infancia no es ni que los Reyes realmente fueran los padres; ni que el Ratoncito Pérez también lo fuera; ni que lo mismo ocurriera para Papá Noel. No. Pero tampoco han sido las miles de mentirijillas que nos han contado nuestros padres y hermanos para que realmente no nos diéramos cuenta de lo poco bueno que es este mundo y así poder conservar nuestra inocencia. Tampoco.

La mayor mentira, sin duda, que hemos oído en nuestra infancia (y no tan infancia) es el famoso "¡¡¡A COMEEEER!!!". Jamás, repito, JAMÁS, hay que ir a esa primera llamada. Es una trampa, es un engaño absoluto. Como todos sabemos, esa interjección no es más que otra forma de decir "Por favor, venid a poner la mesa". Pero ¿quién va a poner la mesa cuando se lo piden? En consecuencia, las madres han desarrollado esa trampa antes infalible y ahora menos infalible, pero letal aún. Por ello, yo os digo: si vuestra madre dice algo tan bueno como "A comer", no vayáis, y si vais que sea solo para investigar qué hay de cierto en todo. Sospechen, señores y así no les cazarán.

Bernal A.